miércoles, 9 de febrero de 2011

CAPITULO 25

LA QUINTA NOCHE

El placer es el cebo que te pone el pecado.

Platón

Al día siguiente, Nick informó a ________ de que necesitaba hacer unas cuantas llamadas telefónicas a algunos de los artistas que llevaba para Blue Night y que iba a poner las manos libres para que ella pudiera escuchar cómo trataba él con «los talentos».

Así que ella se limitó a escuchar mientras él aliviaba los temores de una banda de rock alternativa cuyo primer CD no estaba causando mucha sensación, como ellos habían esperado. Y mientras él le explicaba a la cantante de Rythm & Blues la razón por la que el anuncio de su próximo y anhelado CD debía ser retrasado otros dos meses. Y cuando la gran estrella de Blue Night, el roquero británico Malcolm Barstow, se quejó con Nick porque la selección de la canción de su próximo CD no le había gustado al fotógrafo que había hecho las fotos para la carátula.

________ se dio cuenta de que Nick hablaba con cada persona de manera diferente, dependiendo de la personalidad de cada uno y de las cuestiones que les preocupaban, hasta que parecían adecuadamente calmados, aunque con Barstow «calmado» era probablemente un término demasiado optimista.

Después de presionar el botón de fin de llamada por última vez, levantó la cabeza del sofá donde se acomodaba con los vaqueros que solía llevar y una camiseta, para mirar a ________, que había estado sentada en una silla con tapizado de satén.

—Ahí lo tienes —le dijo. —El lado oscuro del representante de A&R. ¿Crees que podrás hacerte con ello?

«Ni en el mejor de mis días», se sintió tentada a decirle.

Sabía cómo tratar con Jenkins cuando estaba saturado de trabajo y estresado. Y sabía que cuando Kelly tenía un mal día, lo mejor que podía hacer era estar de acuerdo con ella en todo y al final se calmaría. Sabía cómo arreglar las fotocopiadoras y tenía mucha habilidad con el Microsoft Word, y podía llevar con eficiencia una oficina con una mano atada a la espalda. Aun así, a pesar de que Jenkins y Nick creyeran en ella, no tenía ni idea de cómo iba a encargarse de la gente que probablemente tuviera buenas razones para estar preocupada con unos problemas que posiblemente no tuvieran solución.

Y estaba segura de que había hablado con la mayoría de esas personas antes por teléfono, pero solo para pasarles con Jenkins o para asegurarles que ya se había dado la orden de pago, y eso era completamente diferente. La vieja ________ era una buena guía, pero no con estrellas de rock enfadadas e histéricas.

—Tengo que admitir que estoy intimidada con todo lo que acabo de oír —le contestó ella e intentó no sonar tan alucinada como lo estaba.

—Y yo tengo que admitir que normalmente no tengo que hacer tres llamadas telefónicas como estas de golpe. Pero estar fuera supone que se te acumulen un poco las cosas, y parte de la razón por la que están tan enfadados es porque no les he devuelto la llamada cinco minutos después de que hayan intentado contactar conmigo. Los artistas son temperamentales, eso es un hecho en este negocio. Solo tienes que abordar sus necesidades lo mejor que puedas.

Ella asintió y esperó no parecer demasiado preocupada. Como se había asegurado a sí misma cuando él había estado estableciendo contactos con el personal de las discotecas, Nick tenía un don de gente natural, y ella no estaba del todo segura de que pudiera verse a sí misma tan desenvuelta al iniciar una relación, o al tratar con personas que eran difíciles, justo como acababa de hacer Nick.

—¿Sabes lo que necesitas para animarte? —le preguntó él.

De acuerdo, así que estaba claro que sus miedos se le reflejaban todavía en la cara. ¿Qué?

—Ropa interior nueva.

Ella le dedicó una mirada coqueta; se sentía mucho más cómoda con su actual vida social que con la profesional.

—Tienes razón, me debes un par de braguitas, ¿verdad? O dos pares —añadió ella, después de recordar su encuentro en el Fetiche.

—Por suerte para ti, el centro comercial Fashion Show está lo suficientemente cerca como para acercarnos dando un paseo.

—Por suerte para mí, estoy acostándome con un hombre que sabe cosas como esas —le contestó ella con una carcajada.

—Bueno, espero que esto no vaya a conmocionarte mucho, pequeña señorita ________ —le dijo con un guiño de ojos—, pero no será mi primera vez en una tienda de lencería.

Ella soltó un grito burlón, y le dio una palmada en el pecho.

—Y no es solo que no sea el tipo de hombre que se queda ahí de pie en la puerta con los brazos cruzados, mirándose los pies. Voy a ayudarte a elegir tus braguitas.

Ella rió con suavidad.

—No puedo esperar a ver lo que eliges. Y solo para que lo sepas, no soy fácil. Necesito que mi ropa interior sea a la vez cómoda y sexy.

En respuesta, él chasqueó los dedos y murmuró:

—Mierda.

Dos horas más tarde, estaban atravesando Las Vegas Boulevard y hacían su pequeña caminata hasta el elegante y sofisticado centro comercial. Aparte de reemplazar el tanga rojo que habían destrozado la noche anterior, Nick había elegido un tanga negro, un tanga de leopardo con un lazo negro delante, un sujetador bordado y una caja de braguitas de encaje y seda de color lavanda.

Iban cogidos de la mano, se besaban mientras caminaban y compraban, se besaron aún más cuando se detuvieron para comprar un par de bocadillos en la cafetería para comer. Después, se abrieron camino de vuelta al Venecia, y Nick cargaba con la pequeña bolsita rosa del centro comercial con una seguridad natural que hizo que ________ se deleitara en la masculinidad de su gesto.

—No a todos los hombres les gusta llevar bolsitas rosas —señaló, impresionada.

Él se limitó a contestar.

—Yo no soy como todos los hombres.

«De eso puedes estar seguro». Era fácilmente el hombre más sexy, más seguro y más seductor que ella había conocido. Y le había dado besos ante los escaparates de ropa interior y entre bocados de sus sándwiches de pavo y —oh, Dios— estaba empezando a resultarle realmente fácil pensar en él como... su novio.

Lo que era un suicidio emocional, ella lo sabía con seguridad.

Él le había dicho que aquello era temporal.

Y ella le estaba mintiendo de todas maneras, por lo que era bueno que aquello fuera temporal.

«Así que deja de pensar en él como si fuera tu novio, como si fuera alguien con el que puedes comprometerte».

Ojalá fuera tan fácil.

El hecho era que ella nunca había sido aquel tipo de mujer, el tipo como Kelly, quien podía involucrarse con alguien en el plano físico sin que eso empezara a preocuparla demasiado. Y se había estado engañando los últimos días, pensando que quizás la nueva ________ sí fuera ese tipo de mujer. Pero ahora que la nueva ________ parecía ser la verdadera ________... bueno, estaba empezando a comprometerse con Nick. E iba a salir herida de todo aquello y se iba a sentir sola y vacía cuando acabara, de eso no le cabía ninguna duda.

La única solución, por el momento, era la misma en la que había estado confiando toda la semana.

«Deja esas ideas a un lado. No pienses en ello. Solo siente».

El la besó cuando se detuvieron en la puerta de su habitación —ya que él tenía más llamadas que hacer y correos que mandar, ella había decidido echarse una siesta— y cuando su lengua bailó con la suya e hizo que su cuerpo se estremeciera desde la cabeza hasta los dedos de los pies, justo como pasaba con cualquier cosa que hacía con él, definitivamente sintió. Lo sintió todo. El placer. La emoción. La necesidad de estar con él.

La triste realidad era que ni siquiera le gustaba realmente que tomaran caminos separados para el resto de la tarde. Se había acostumbrado tanto a estar con él casi todo el tiempo durante aquellos últimos días, que era eso lo que la hacía sentirse como la nueva y verdadera ________. La presencia de Nick, su influencia, las cosas que él le hacía pensar, sentir.

—Arréglate para esta noche —le dijo él, aún cogiéndole la mano.

—¿Que me arregle cómo?

Él se encogió de hombros.

—Con un vestido sexy, si tienes.

—¿Por qué?

—Ya lo verás.

Ah, su sorpresa. Casi se había olvidado de ello. Y no podía imaginar dónde había planeado exactamente Nick follársela aquella noche que requiriera que llevara un buen vestido, pero tampoco podía esperar a descubrirlo.

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