miércoles, 9 de febrero de 2011

CAPITULO 5

Hacía demasiado calor en el taxi que los llevaba de vuelta al hotel, las ventanas estaban bajadas y el aire acondicionado no estaba puesto, aunque ________ acabó por dirigir toda su atención al hecho de que Nick estuviera sentado con las piernas abiertas, algo que normalmente hacían los hombres, pero con aquella postura le estaba rozando la rodilla con la suya.

Era una locura pensar cómo una caricia tan ínfima como aquella la hacía sentirse tan excitada también.

No hablaron en todo el trayecto. El taxista llevaba puesto algo de música tecno y aquello hacía que el asiento del coche palpitara justo debajo de ella. Pero cuando atravesaron el enorme vestíbulo con olor a flores del hotel Venecia unos minutos más tarde, Nick le dijo que fuera a su habitación al día siguiente por la mañana. Pedirían el desayuno allí en el cuarto, le había dicho, y después pasarían el día estudiando varios de los contratos de Blue Night. Así, ella aprendería las cosas que podía ofrecer, o los términos en los que se podía ser flexible y en los que no.

Mientras iban de camino en el ascensor junto con tres chicos guapos, jóvenes y con aspecto de deportistas, intentó concentrarse en la conversación, pero le resultó muy difícil. A medida que el ascensor se elevaba hacia arriba, se encontró a sí misma sintiendo toda la masculinidad que la rodeaba, y al mismo tiempo una sensación tan completamente femenina que apenas podía comprender la situación.

A ella le gustaba el sexo, desde luego, pero nunca había sido una mujer de las que sienten hambre de sexo. Hambre sin ton ni son, como si simplemente tuviera que hacerlo y se viera dispuesta a aceptarlo viniera como viniera. Pero era así como se sentía repentinamente en los confines del ascensor, en donde la testosterona del ambiente parecía ascender en forma de remolino. Era así como se percibía después de haber pasado solo un par de horas con Nick Jonas. Ella sabía que él era un hombre atractivo, ¡pero no podía creer estar sufriendo una reacción tan alocada por él!

Cuando la puerta del ascensor se abrió en su planta, ella salió, y sintió cómo su cuerpo se movía con la fluida sensación de tranquilidad que viene justo después de una pequeña intoxicación etílica. Solo que en aquel momento no sabía si aquella sensación de embriaguez se debía al alcohol o a Nick.

Cuando él la acompañó hasta la puerta, ella se dio la vuelta para mirarlo y lo encontró muy cerca de ella, con la mirada en su boca.

Aquello hacía que ella deseara besarlo. Que lo deseara de verdad.

Deseaba besarlo, presionarse contra él, frotar el cuerpo contra el suyo, y todo aquello le parecía lo más natural y sensato que hacer.

Y cuando él levantó los ojos hacia los de ella, las cosas solo fueron a peor. Porque la expresión de su cara le decía que si ella decidía besarlo en aquel momento, él iba a corresponderle. Estaba tan cerca que ella casi podía sentirlo sin tocarlo, y su almizclada fragancia masculina le invadía todos los sentidos.

«Pero besarlo sería una estupidez, una estupidez, una estupidez. Tienes que trabajar con él día y noche durante toda una semana, puede incluso que más. Y estás robándole su trabajo. No puedes besarlo».

—¿Estás preparada para esto? —le preguntó él. Notó cómo se inundaba su vulva ante la posibilidad.

—¿Para qué?

—Preparada para entrar al en el mundo de un representante de A&R —le dijo él suavemente.

—Oh, por supuesto que sí —le contestó con una airosa rapidez, y se sintió al mismo tiempo aliviada y decepcionada, como si la hubieran apartado de un empujón del precipicio sexual en el que había estado asomándose.

—Que descanses bien.

«No existe probabilidad de que así sea».

—De acuerdo.

El tono de su voz se volvió más bajo.

—Y nos vemos por la mañana.

—Sí, claro —le murmuró ella mientras Nick le cogía la tarjeta llave de su mano, un momento en el que sus dedos se rozaron, y le abrió la puerta.

—Buenas noches —le dijo con suavidad.

Ella seguía con los ojos pegados a los suyos.

—Buenas noches.

Y entonces, ella se encontró colándose dentro de la habitación cerrando la puerta, y él ya se había marchado, y ella tenía la clara sensación de que había acabado en la habitación equivocada. O que él lo había hecho. En cualquier caso, deberían haber ido juntos a una de las dos habitaciones y haber follado como animales.

Dejó escapar un intenso suspiro y se recordó a sí misma una vez más por qué no podía ocurrir aquello.

El sexo mezclado con el trabajo ya era suficientemente malo. El sexo mezclado con el trabajo y con alguien al que estás mintiendo era... jodidamente atroz.

Y aun así, mientras se quitaba la ropa y se deslizaba dentro de un camisón de algodón blanco y unas braguitas nuevas —porque las otras estaban empapadas— deseó quedarse rezagada en su imagen. Y cuando estaba de pie ante el enorme espejo del cuarto de baño, lavándose la cara y cepillándose los dientes, fue atentamente consciente de que sus pezones, duros y sensibles, sobresalían a través de la tela de su camisón, y que su vulva, dilatada por la necesidad, volvía a humedecer sus braguitas. Y mientras se metía bajo las lujosas sábanas, se encontró a sí misma perdida en una confusión de imágenes: visiones de Nick jonas y ella, con los cuerpos desnudos y entrelazados.

Aquello era horrible. Ninguna respuesta le parecía lo suficientemente buena. Tener relaciones sexuales con él era una imposibilidad moral. Pero no tenerlas, sobre todo ahora que a ella le había dado la sensación de que él era receptivo a la idea, le pareció una locura, sin mencionar una tortura. ¿Cómo había pasado siquiera? Estaba claro que ella había querido ser alguien nuevo y diferente allí, pero no diferente de aquella manera. Apenas podía comprender el efecto que una sola noche en presencia de aquel hombre había tenido en ella.

Pero entonces, ________ se acordó de cómo debía afrontar las situaciones difíciles. No debía dejar que la obsesión de todo la abrumara, debía ocuparse de un problema cada vez. Y el problema que tenía en aquel preciso instante era el de dormir, tener una perfecta noche de descanso.

Así que se mordió el labio y dejó que su mano se deslizara bajo las sábanas y le cubriera su monte. Lo cubrió, y se sintió aliviada por tener alguna sensación ahí abajo, finalmente. Deseó, de repente, que hubiera sido lo suficientemente valiente como para comprarse un vibrador, y lo bastante inteligente como para viajar con él. Deseaba tener algo dentro de ella, en lo más profundo de su interior.

Dio vueltas a su dilatado clítoris con dos de sus dedos, delante de su vulva, y dejó que el placer la invadiera. Cielos, era como haber caminado a través del cálido y árido desierto y encontrar al fin algo de agua dulce. Ahora deseaba tragarla, así que presionó los dedos con más intensidad, y levantó la pelvis contra ellos.

Suspiró y se lamió el labio superior, necesitaba más. Aun así, no lo lograba, por lo que volvió a recurrir a sus fantasías. Imaginó cómo sería si Nick pudiera observarla en aquel momento. Imaginó que él fuera consciente de ser el culpable de todo aquello, de haber sido la persona que la había excitado tanto. Se preguntó si habría alguna manera de que él pudiera saber exactamente cómo de excitada estaba en aquel instante, y se imaginó a sí misma tumbada con él en la cama, al otro lado de la pared que los separaba, viéndola de aquella manera.

Pero, joder, todavía necesitaba más, algún otro tipo de estimulación. Todas Las Vegas estaba fuera de su habitación, y un pecado tras otro estaba cometiéndose en aquel momento. ¿Cuántas personas estarían en aquel instante haciendo algo travieso a menos de un kilómetro de ella? Ella apostaba a que serían miles. Por lo que estar tumbada en su cama, frotándose a sí misma, le parecía de alguna manera... demasiado simple, demasiado soso, sin que encajara en absoluto con el ambiente del lugar.

Se sintió extrañamente impaciente, así que se levantó de la cama sin ningún plan en mente. Caminó por la enorme habitación y de repente, se encontró a sí misma de pie ante el mini-bar. Ella no solía siquiera abrir la puerta del mini-bar, le indignaba que le sacaran a uno un riñón con el precio, pero eso era irrelevante en aquel momento. Echó un vistazo dentro, y divisó una hilera de botellas de bebida de vino con sabor tropical. Sacó una y le quitó el tapón, después, dio un largo sorbo, dejando que el alcohol le calentara el pecho. Casi cualquier sensación física la hacía sentir bien en aquel momento, como si fuera un paso más hacia el alivio.

Después, caminó hacia las cortinas que revestían la pared de la habitación y al localizar el centro, las abrió. ¡Vaya! El movimiento había revelado un muro acristalado que daba sobre Las Vegas Strip y su espectáculo nocturno de luces. Dios bendito, ¿cómo no se había dado cuenta de aquello antes? Volvió a experimentarlo otra vez, aquella sensación de que alguien había construido esa ciudad únicamente para que la gente pudiera sacar su lado más perverso. Y ella también deseaba poder sacar su chica mala en aquel momento, comulgar de alguna manera con aquel lugar.

Dejó la botella de vino en la mesa, se bajó las braguitas y las dejó caer al suelo, sacando los pies después. Se sentó en la moqueta, de cara a la ventana, con las piernas completamente extendidas. Todavía anhelaba que Nick estuviera allí con ella, acariciándola, follándosela, pero intentó convencerse a sí misma de la verdad de las palabras de su mantras. Ella no necesitaba un hombre, podía encargarse por sí misma de sus propias necesidades.

Observó atentamente las luces y acarició con sus dedos la separada abertura. Húmeda. Suave. Le dio un escalofrío, y después extendió la mano para agarrar la botella de vino. Seguía tocándose con una de sus manos, haciendo círculos con los dedos sobre su clítoris. Utilizó la otra mano para levantar la botella hacia sus pechos, y la sintió dura, fría y húmeda contra sus pezones. La escarcha que cubría la botella dejó su pecho húmedo, y su pezón empezó visiblemente a oscurecerse a través de la tela de color blanca; pudo verlo incluso con las luces apagadas. Las Vegas Strip proporcionaba la luz suficiente como para iluminar la habitación.

Los dedos de ________ se deslizaron dentro de los pliegues de su vulva, y la acariciaron más profundamente, y ella deseó poder sentirse a sí misma verdaderamente, toda ella, de la manera en la que un hombre podía explorarla. De la manera en la que Nick seguramente la exploraría.

Primero introdujo un dedo, después dos dentro de ella, y luego los movió dentro y fuera del cálido túnel. Oh, vaya, hubiera querido que fuera la verga de Nick, más grande, más dura, más firme y más poderosa que cualquier otra cosa que ella utilizara para darse placer a sí misma, incluso si hubiera traído un vibrador.

Un momento más tarde retiró los dedos, y los llevó de nuevo a su dilatado clítoris para dar vueltas sobre él, después se metió la mano dentro del camisón para tomar uno de sus pechos llenos en la mano. Después, bajó la pequeña botella entre sus muslos, presionando con fuerza.

Sí, Dios. Estaba tan fría, y era tan maravillosamente dura... Un poco demasiado grande y ancha, pero aun así le hacía sentir condenadamente bien mientras empezaba a moverse contra ella. En aquel momento se sentía sucia. Sucia de una manera que quería compartir con alguien. Porque ella temía que ser sucia consigo misma le podría hacer sentir bien sola, si lo permitía.

Pero no podía permitirlo. Así que volvió a concentrarse en las luces de Las Vegas y se imaginó de nuevo que Nick estaba con ella. No solo que estaba con ella, sino que estaba diciéndole qué debía hacer. «Mueve la botella arriba y abajo sobre tu vulva. Así es. Más rápido. Más rápido. Sí».

«Ahora, retírala a un lado. Retírala y derrama un poco de vino sobre tu vulva. Para hacer que te sientas incluso más mojada».

Se mordió el labio, y desvió la mirada del espectáculo de luces de neón que había más allá de la ventana para bajar la cabeza y observarse, mientras derramaba un poco del vino frío sobre su hendidura. Jadeó ante la fría sensación de chapoteo, después volvió a imaginar la voz profunda y autoritaria de Nick.

«Tócate, ________. Acaricia tu vulva con tus dedos».

Lo hizo. Ahora estaba muy mojada. Como él quería.

«Sí, así es. Desde el fondo, recorre todo el camino hasta arriba. Presiona tus dedos contra tus pliegues húmedos. Siéntete. Siéntete».

«Ahora frótate el clítoris para mí».

También hizo aquello, trazando con sus dedos círculos cerrados y calientes sobre la superficie de la pequeña protuberancia.

«Empuja contra él». Obedeció.

«Frótate con más fuerza, con más fuerza. Hazte alcanzar el éxtasis. Mira aquellas luces, imagina todas las cosas sucias que está haciendo la gente ahí fuera, y alcanza el éxtasis con más intensidad que nunca».

—¡Oh, Oh! —el orgasmo fue brutal, hizo que su cuerpo se doblara, la cabeza le cayera hacia delante mientras su pelvis se convulsionaba en una dura respuesta. Cada sensación se repetía dentro de ella como una pequeña explosión, desgarrándola, robándole la respiración, la razón. Todo lo que le importaba en aquel momento era el placer, intenso y agotador... hasta que se desvaneció.

Y entonces, se dio cuenta de que estaba sentada medio desnuda delante de una ventana enorme y acababa de correrse con la ayuda de una botella de cristal.

Dios bendito.

Aquella ciudad estaba robándole algo más que sus sentidos. Ya temía que estuviera al borde de robarle... el alma.

Que estuviera haciendo algo de ella que en realidad no era.

O... ¿era quizás que estaba redefiniéndola, más específicamente?

¿Qué le estaba mostrando partes de ella que nunca antes había conocido?

Fuera cual fuera el caso, lo más escalofriante de todo aquello era... que casi no le importaban todas las razones que le hacían pensar en no poder tener relaciones sexuales con Nick. Casi sintió deseos de llamarlo, escuchar su profunda voz, y decirle, simplemente. «Fóllame».

Dejó la botella de vino a un lado y, sin ni siquiera pensar en sus bragas, se puso de pie y se fue a la cama. Se sentó y cogió el auricular del teléfono. Miró las instrucciones para marcar el número de otra habitación y tecleó los números.

Después, colgó de un golpe el teléfono antes de que la llamada se estableciera, con el corazón aporreándole con fuerza el pecho.

¿En qué estaba pensando?

¿Realmente había intentando llamarlo? ¿Para rogarle que se acostara con ella?

Gracias a Dios que había recuperado la sensatez.

Al aparecer, el alivio que le había provocado el orgasmo había desaparecido finalmente.

El alivio, y el poco de vergüenza por haber tenido que sentirse tan sucia sola. ¡Vaya comportamiento más alocado!

De repente, se sintió contenta de haber estado sola.

«Simplemente vete a dormir. No pienses en esto ni un minuto más. Nunca ha tenido lugar».

«No necesitas un hombre. No necesitas un hombre».

«Necesitas un trabajo fabuloso».

«Mañana, te encontrarás con Nick y pensarás exclusivamente en el puesto, no en el sexo. Harás el trabajo, sin sexo. El trabajo es lo que verdaderamente importa aquí, lo que tú quieres en realidad».

«No necesito un hombre. No necesito un hombre. No necesito un hombre».

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